1.1. Introducción

Las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) forman parte de la vida cotidiana de más de la mitad de la población mundial y la mayoría de los trabajos actuales requieren un nivel básico de competencias digitales.  Así, las TIC están presentes en muchas de las facetas de la vida de las personas: desde las posibilidades de inserción en el mundo laboral y educativo, a la creación de relaciones personales y sociales, pasando por gestiones administrativas o de ocio. Por  lo tanto, podemos considerar que las TIC no son un aspecto opcional de la vida cotidiana, dado que muchas de las instituciones que ofrecen servicios básicos (administración, salud, educación, etc.) cada vez ofrecen más servicios basados en estas tecnologías. En este sentido, y de acuerdo con el informe sobre el Estado de la Década Digital en Europa 2025, pese al elevado índice de uso de internet en la sociedad actual, solo un 55,6% de la población de la Unión Europea dispone de al menos competencias digitales básicas.  En este contexto, España presenta una evolución positiva, situándose por encima de la media europea con un 66,2%, acercándose a su objetivo nacional del 85% fijado para 2030. Con ello se pone de manifiesto que no es suficiente con disponer de conexión a internet, sino que es necesario disponer de una capacitación digital adecuada para poder sacar provecho en la actual sociedad digital en la que vivimos y convivimos. 

Como afirma Marres:

«(…) las tecnologías digitales son un hecho social y un determinante de la vida moderna que afecta a la mayoría, si no todas, las áreas de la vida social, y en sí mismas generan nuevas prácticas sociales, enlaces y relaciones.»

Marres (2017).

Por eso, desde las administraciones públicas y otros entes, se intenta facilitar la capacitación digital de la población, especialmente ante la irrupción de la IA generativa y la ubicuidad de la conectividad móvil. En esta dirección se está trabajando desde diferentes iniciativas, como el Plan Nacional de Competencias Digitales en España.

Una definición clásica de las TIC nos la ofrece el sociólogo Manuel Castells (2003):

«(…) conjunto convergente de tecnologías de la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones y la optoelectrónica.» M. Castells (2003). «La era de la información». La sociedad red (vol. VI, pág. 62). Barcelona: Editorial UOC.

Las denominaciones sociedad de la información y sociedad del conocimiento se utilizan frecuentemente para referirse a los cambios producidos en la sociedad a raíz de la irrupción de las TIC. Así, las TIC se han considerado la base de la tercera revolución industrial. De acuerdo con los autores Vilaseca y Torrente:

«(…) una revolución industrial está integrada por un conjunto de cambios técnicos fundamentales para la producción y la distribución, interconectados con un conjunto de cambios sociales y culturales.»

Vilaseca y Torrente (2003, pág. 11)

En el 2016, en la reunión anual del World Economic Forum en Davos, Klaus Schwab introdujo el término cuarta revolución industrial para referirse a una nueva fase de desarrollo industrial, caracterizada por «un internet más móvil y ubicuo, con sensores más potentes y pequeños, por la inteligencia artificial, el uso de robots y el llamado machine-learning». Así, la primera revolución industrial tuvo lugar en el siglo xviii y se basó en la fuerza de la máquina de vapor, y la segunda (siglo xix) se basó en la división del trabajo, la electricidad y la producción en masa. Más recientemente, la tercera revolución industrial, en el siglo xx, ha sido soportada por la electrónica, las TIC y la producción automatizada. La cuarta revolución industrial se basa en la confluencia de diferentes tecnologías digitales, físicas y biológicas como la inteligencia artificial, la inteligencia aumentada, la robótica, la impresión en 3D, el cloud computing, el big data, el internet de las cosas o la nanotecnología, etc. (Rose, 2016 extraído de Escudero, 2018).

En la actualidad, el impacto de la IA Generativa ya ha cambiado la manera como nos relacionamos con la información y la tecnología, dando lugar a nuevas necesidades de capacitación digital.  Más allá del acceso y aprovechamiento de las herramientas digitales, todo ello implica también conocer el funcionamiento interno de los algoritmos, así como ser consciente de sus riesgos e implicaciones, como los sesgos discriminatorios o la creciente desinformación. Para ampliar información y conocer más sobre el funcionamiento de la IA, recomendamos la lectura del libro «Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja» (2025) de la programadora y activista Margarita Padilla García.

Así pues, en este contexto cabe recordar que la tecnología no es neutra, y que, más allá de los usos que le demos, detrás de la tecnología hay corporaciones e ideologías que acostumbran a responder a unos intereses concretos. Es decir, macroempresas globales (GAFAM) que acaparan  una importante concentración de poder económico y social, bajo un prisma neoliberal que favorece la monopolización, el control y las desigualdades, con un modelo tecnológico que tiene diversas implicaciones y consecuencias sociales y políticas. 

Por todo ello, es muy importante un empoderamiento colectivo que posibilite esta toma de conciencia en el ámbito tecnológico, que pueda ser capaz de generar nuevas reflexiones así como la participación y la toma de decisiones en el diseño tecnológico, de manera que este pueda orientarse  hacia el bien común, la diversidad, la transparencia y los derechos de las personas, tal como defiende el concepto de Soberanía tecnológica.

Todo este contexto plantea importantes retos para las prácticas actuales y futuras relacionadas con la dinamización social digital.